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Presa
Presa
Michael Crichton
Título original: Prey
Trad. Carlos Milla Soler
Plaza & Janés, 2003

Nanodevoradores contra la familia media americana

Pongámonos nostálgicos: mi relación personal con Michael Crichton comienza allá por el verano del 92, justo en medio de la Selectividad. Un amigo que acababa de leer una novela de aventuras con un dinosaurio bastante mal dibujado en cubierta (aún no había ni indicios de la película de Spielberg) me la prestó para que me desintoxicara un poco de tanto estudio una vez comenzadas las vacaciones. Aquella tarde yo tenía pensado repasar el examen de Historia pero, después de comer, preferí leer el primer capítulo de la novela por simple curiosidad. El resultado: adiós al repaso. La experiencia fue de las más gratificantes que yo recuerde no porque el libro fuese nada del otro mundo (Crichton no es Coetzee, precisamente), sino porque transmitía una intensidad que, por desgracia, los lectores que han llegado a él tras la superproducción cinematográfica me temo que no han disfrutado. La sorpresa del descubrimiento no será nunca la misma después de haber visto al tiranosaurio rugiendo en pantalla.

Desde entonces, he leído con interés todos los libros de Michael Crichton. Algunos son buenos (La amenaza de Andrómeda, Los devoradores de cadáveres), interesantes (Esfera, Congo) y otros francamente decepcionantes (Acoso). Es un escritor -a ver si me explico- que siempre da lo que promete, pero nunca te deja satisfecho, bien porque resuelve mal sus tramas, bien porque acaba sumiéndose en un aburrido (y bestsellero) didactismo infantiloide, como en su penúltima Rescate en el tiempo.

¿En qué categoría encuadrar Presa, recién llegado a nuestras librerías? Pues, para qué engañarnos, a medio camino entre los interesantes y los decepcionantes. Interesante porque el tema central (los "peligros" de la nanotecnología) es de absoluta actualidad. Decepcionante porque el desarrollo y, sobre todo, el desenlace son tópicos y predecibles cual episodio de Ana y los 7.

El protagonista de Presa, Jack Forman, después de describir en primera persona su problemática e insufrible vida familiar, las muchas energías que consume mantener a un trío de niños de corta edad, su triunfal pasado como informático en Silicon Valley, etc., pasa a contarnos cómo su mujer, Julia, ha contribuido a que la pujante empresa Xymos haya desarrollado un sistema de cámaras moleculares cuyo objetivo declarado es facilitar la exploración médica. Sin embargo, como es de prever, el afán del autor es escribir otra fábula frankesteiniana ("no juguéis con aquello que nunca debió ser investigado", como en Parque Jurásico), y los nanoseres pronto se convierten en nubes autorreplicantes que se dedican a perseguir a los protagonistas, que siempre huyen, y a sus comparsas, que llevan desde la primera página el cartel de "pienso para bichos" colgado del cuello. Todo muy correcto, muy formalito, sin apenas concesiones a los que le pedimos a Crichton un poco de emoción verdadera, no el bosquejo de un futuro (y previsible) guión cinematográfico. No le vamos a exigir a estas alturas transgresión al de Chicago, que para eso ya tenemos a otros escritores un poco más minoritarios y no abducidos por el marketing, pero sí una pizca de originalidad, hombre. Por si fuera poco, y siento estropearles el paupérrimo misterio, la supuesta amenaza no da nada, pero nada de miedo, tal vez porque en ningún momento logra transmitir Crichton la sensación de que en menos de lo que uno piensa las nubes van a huir del desierto que rodea el laboratorio donde fueron creadas para arrasar el mundo.

¿Recomendaría, pues, la lectura de Presa, si alguien me lo preguntara? Depende. Si es usted de los incapaces de meterse un libro serio entre frente y nuca recién llegado de una agotadora jornada de trabajo, desde luego que sí: Presa se lee sin esfuerzo, sus páginas fluyen sin que tengamos que poner en ellas los cinco sentidos, la acción se desarrolla en frases cortas, en diálogos concisos, entre los que se intercalan ocasionales parrafadas científicas made in Muy Interesante. Las escenas de acción -especialmente la primera aparición de las nubes asesinas- están narradas con eficacia notable, tienen bastante brío y son emocionantes sin que le hagan saltar a uno los ventrículos. Ahora bien: si no soporta usted los best sellers muy best sellers, mejor no se acerque a menos de tres metros de esa bonita cubierta blanca, negra y roja. Le producirá urticaria.

Alberto Cairo

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